jueves, 18 de febrero de 2016

DC News: Pasa 4 años en la cafetería de la universidad sin llegar a entender la palabra “envido”.

Parece increíble, pero es cierto. El suceso que narramos a continuación le ocurrió a Ramón Donguilla, un estudiante de Arquitectura Técnica en la ETSIE de Valencia.



Ramón era un universitario normal; salía de fiesta los jueves por la noche, estudiaba la semana antes de un examen y pasaba dos tercios de la jornada lectiva en la cafetería de su facultad.
Y es en esa misma cafetería donde acontecieron los inquietantes hechos de esta noticia.
Al principio no le dio mayor importancia. Ramón observaba como cierta gente formaba grupos de cuatro y empezaban a utilizar una jerga extraña, pero suponía que sería el peculiar argot de un grupo de chiquillos.
En teoría debería ser gente simplemente charlando. Pero algo no encajaba.
Con el tiempo, empezó a ver como el patrón se repetía.
De repente alguien exclamaba “Envido” y otra persona seguía la secuencia diciendo “Lo veo”; alguien decía “Voy de mano” o “Dos piedras para mi” eran frases que cada vez oía con más asiduidad.
Ramón estudió este patrón, pero no consiguió llegar a encontrar lógica alguna entre los que lo utilizaban. Estas personas pasaban el día en la cafetería, prácticamente no asistían a casi ninguna clase, incluso se podría decir que eran más escandalosas que el resto de la gente. Algo totalmente ilógico si lo que pretendían era pasar desapercibidos con sus códigos secretos.
Ramón empezaba a inclinarse por diversas teorías conspiratorias, aunque seguía sin tener pruebas de ninguna de sus creencias.
Pero el lenguaje secreto iba más allá de lo que en un primer momento hubiese parecido. Cierto día, mientras observaba detenidamente a un grupo de “conspiracionistas”, pudo observar ligeros detalles que pasaría desapercibidos para el ojo no entrenado. En primer lugar eran simples atisbos, que no duraban ni un parpadeo, pero con la adecuada observación se percató de que se repetían continuamente; ahora uno se mordía el labio, otro sacaba la lengua, después otro guiñaba un ojo, incluso vio a sujetos levantando levemente el hombro.
¿Qué demonios pretendían decirse? Si se estaban comunicando con alguien, quizá ese alguien pudiese ahora mismo estar escuchando los pensamientos de Ramón y ser consciente de que éste estaba al tanto de todo. ¿Qué podía hacer?
Ramón Donguilla permaneció 4 años en la facultad de la escuela intentando adivinar este extraño código sin éxito. Tras esos 4 años de sentarse solo en la cafetería rodeado de hojas sueltas con códigos apuntados, de no haber pisado el aula y de arruinar a sus padres pagando por unas clases a las que no asistía, Ramón Donguilla fue expulsado de la universidad.
Así y todo, Ramón se las ha ingeniado para colarse en la universidad todos y cada uno de los días desde que fue expulsado. De hecho, si algún día vais a la cafetería de la ETSIE de la UPV de Valencia y encontráis a un joven barbudo, desaliñado, mirando fijamente la gente, pero hablando solo y con un casco de obra forrado de papel de albal en la cabeza, os encontráis ante Ramón, pero no le digáis “Envido”, porque os puede morder.