lunes, 22 de mayo de 2017

Cuando sí...pero no...

Esta entrada es válida para Jefes de obra que lidian con la D.F., pero lo puede sufrir cualquier industrial que asome su cráneo por la obra.

Toca hacer unos trabajos que no estaban contemplados en el proyecto (y por ende, tampoco en tu presupuesto) y como no quieres ser tú el que retrase la obra, por aquello de que una obra parada son perdidas, empiezas a ejecutar esas partidas de muy buena gana, ya que el que tiene que aprobar esos precios "va muy liado". Pero cuando llega el momento de valorar los trabajos ejecutados ¡oh, sorpresa!

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Si amiguitos, es entonces, una vez la partida ya está ejecutada, cuando a la D.F. de turno o al señor contratista todopoderoso les parece que el precio que les pasas por esa partida es demasiado cara. Claro, justo cuando ya les habéis solventado la papeleta...

Y entonces, ¿qué hacemos?¿desmontamos todo lo que hemos ejecutado y así, simplemente hemos perdido nuestro escaso, pero poco valorado tiempo?

Pues no, yo os propongo dos soluciones mejores:
Opción 1: Os ponéis rápidamente a estudiar ese módulo de peluquería que tanto os gustaba (y donde no se usan los precios contradictorios).
Opción 2: Los enviáis directamente a la mierda.

Yo en este mismo momento estoy usando la 2.